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Algarabía

De laudes

De laudes

Rescato y traduzco un par de párrafos de la entrevista con el excepcional laudista iraquí Naseer Shamma que publica hoy el semanario egipcio Al-Ahram.

Shamma pagó un alto precio por hablar públicamente en contra de las injusticias [durante el régimen de Saddam]: "Pasé 170 días en la cárcel y fui condenado a muerte sin tener derecho a un juicio. Hasta el mismo día en que se iba a ejecutar mi sentencia el gobierno no respondió a las demandas de las organizaciones nacionales e internacionales que pedían mi libertad, ya que se dieron cuenta de que si me mataban podían tener problemas, sobre todo porque no había nada de lo que realmente pudieran acusarme. Y decidieron darme una lección matando a mi hermana y a sus cuatro hijos justo antes de liberarme. [...]
Saddam no es diferente de cualquier otro dictador árabe. En todos los estados árabes abundan los asesinatos y encarcelamientos por motivos políticos y, actualmente, ninguno es totalmente libre en el mundo árabe. Los fines de la invasión estadounidense son exclusivamente políticos y estratégicos y no tienen nada que ver con la democracia. La prueba de ellos es que los soldados estadounidenses registran de forma rutinaria a los denominados dirigentes cuando entran en los edificios gubernamentales. Simplemente con esto ya sabemos quien detenta el poder. Si Saddam hubiera un sido un santo, los estadounidenses habrían hecho lo mismo. Toda esa palabrería de libertad y democracia no es más que mentiras"

Tuve ocasión de ver a Shamma en Madrid, en un acto contra la guerra un año antes de que ésta empezara e interpretó una pieza que me dejó completamente anclada al asiento. Se llama "El refugio de al-Amiriya" y describe sólo con el laud, y reproduciendo incluso el sonido de las ambulancias y las sirenas, el salvaje bombardeo de este refugio antiaéreo que literalmente carbonizó a 408 personas durante la primera guerra del Golfo en 1991. A partir de entonces, Shamma desarrolló una técnica para tocar el laúd con una sola mano y poder enseñar a los niños con amputaciones de brazos causadas por la guerra la rica tradición de música para laud de Iraq.

La fotografía muestra las huellas de las manos de las víctimas grabadas en la pared por el calor que provocó la bomba incendiaria durante la explosión.

[No he podido encontrar el tema de Shamma salvo en esta versión de un programa de radio. Tras unas breves palabras iniciales, comienza la pieza.]

Tecnoliberación

Tecnoliberación

Los dialectos moleculares de la anarquía

Por Cosmodelia

¿Qué te dice la expresión ‘software libre’, ‘código abierto’, p2p, anarcocriptografía, cyberpunk...? ¿Nada? Ay, chaval, estás acabado. Hay una nueva utopía. Una utopía basada en la técnica manejada por ciudadan@s libres. Y te convendría saber en qué consiste, porque algún día desearás vivir en ella.

Las teorías technolibératours, atribuídas a Muteba Kazadi, poeta, ingeniero de comunicaciones, divulgador científico y Ministro de Desarrollo de Zaire, sostienen que la técnica es un instrumento de liberación y expansión del ser humano, pero también que debe ser arrebatada de las manos de quienes la han convertido en tecnología y la han usado de un modo exclusivo y elitista para oprimirnos y reprimirnos a la mayoría, de un modo u otro; por no hablar de la destrucción de otras especies y del planeta en el que todos vivimos. Una de las reivindicaciones de Muteba Kazadi es que deberíamos luchar de un modo prioritario por el acceso libre al conocimiento científico y técnico. Eso se concreta por ejemplo en liberar de las patentes y sus efectos a las biotecnologías, secuencias genéticas, medicinas y fármacos, y cualquier nueva técnica de utilidad general. No es casual que un africano encabece la lucha por el fin de las patentes, que sin ser consideradas armas de destrucción masiva, causan miles de muertos en su continente; sólo hace falta recordar el precio abusivo de los medicamentos contra el sida que necesitan desesperadamente en África. Kazadi, a través de la UPCL (Unión Panafricana Ciencia Libre), además de exigir la rescisión de las patentes, exige que las comunicaciones pasen a ser de dominio público y reivindica el derecho de acceso universal al conocimiento científico, sin restricciones legales o nacionales.

Muteba Kazadi no se queda ahí, en una reivindicación, que como tantas otras quede en algún papel perdido en alguno de los mejores sueños de los utópicos, esperando a que los poderosos de la Tierra tengan la gracia de otorgarla. A lo largo de los últimos años Kazadi ha ido organizando un grupo panafricano de hombres y mujeres pirata, expertos en biotecnología, que han ido logrando ser contratados por algunas de las mayores compañías estadounidenseses. La infiltración al parecer ha tenido éxito. En las intrarredes anarcofuturistas de Internet corre la noticia de que a comienzos de este año varias empleadas de InGenio escaparon con el conocimiento que ellas mismas habían desarrollado durante horas y horas de trabajo asalariado. Estas biohackers no han reconocido el derecho de propiedad de la compañía sobre esas técnicas, y han actuado en consecuencia.

Audazmente, una vez completado su trabajo, se han puesto fuera del alcance de las autoridades de EEUU, y desde la clandestinidad, hace unos días, han anunciado en algunos websites del ciberespacio que pronto pondrán a disposición de la humanidad sus descubrimientos, tanto en la red como en Anarkía. ¿Anarkía? Afirmativo. Porque el proyecto de tecnoliberación de Muteba Kazadi contiene también un elemento de utopía positiva y realista: a partir de esos conocimientos expropiados se propone llevar a cabo la inmediata construcción de una isla coralina en aguas internacionales (Anarkía/Stateless), costeada gracias al ahorro fruto del impago de patentes por parte de su país. Kazadi se propone hacer un llamamiento a escala planetaria para exiliarse a Anarkía a todos quienes no se sientan libres en sus países, compartan en todo o en parte los principios básicos de la tecnoliberación, y deseen una ciudadanía sin nacionalidad. Kazadi se ha comprometido ya ante las delegaciones africanas en la ONU a ofrecer la isla, en cuanto esté construída, para el establecimiento de una sociedad libertaria con acceso intensivo a las biotecnologías desarrolladas por el grupo de mujeres piratas que trabajaron para InGenio, y hoy lo hacen para el conjunto de la humanidad.

¿Por qué estas noticias no aparecen en los telediarios, en las primeras planas de los periódicos o no son cuestionadas o defendidas en las tertulias politicas oficiales o en las webs contrainformativas o alternativas? ¿Por qué las propuestas de la tecnoliberación no forman parte del programa de los llamados movimientos sociales, ni tan siquiera se introducen en los debates de los foros sociales? ¿Por qué? ¿Por el desconocimiento del nuevo pensamiento político africano? ¿Por una oscura conspiración de silencio? ¿Por un desinterés de las propuestas proactivas de lo que podemos considerar el anarquismo del siglo XXI, sólo paliado por pensadores libertarios Andrej Grubacic o posmarxistas como Slavoj Zizek? ¿No estamos informados por elitismo cultural, por muros ranciamente intelectuales o por desconocimiento intergeneracional?

Negativo, aunque algo de todo eso hay. En primer lugar las propuestas de la tecnoliberación no se pueden discutir, porque no se conocen. Y no se conocen porque no aparecen expuestas por los cauces tradicionales propios de las generaciones políticas tradicionales, o en el libro del último autor de moda de la alterglobalización, o en el ingenuo y cínico programa socialdemócrata apologeta del sueño europeo, ni tan siquiera son difundidas en las webs anarquistas o libertarias del ciberespacio liberado.
Las teorías technolibératours atribuídas a Muteba Kazadi son desconocidas por los activistas de viejo cuño porque hoy por hoy pueden leerse únicamente en una novela de ciencia-ficción titulada El Instante Aleph (Distress en la edición original), escrita por el autor australiano Greg Egan. ¿Pierden legimitidad por eso? No para quien no está aquejado de un insostenible elitismo cultural. ¿No han de ser tomadas en consideración? ¿Las rechazaremos con desprecio con un peyorativo: “es sólo ciencia-ficción”? Negativo. Las excluirá del debate politico sólo quien ignore que en los últimos años las propuestas políticas y culturales más interesantes, excitantes y originales aparecen en la ciencia-ficción contemporánea. Porque el caso de Egan no es un ejemplo aislado, sino que abundan autores semejantes: Bruce Sterling y su proyecto tecnoecologista Viridian, además de novelas suyas como Distracción, La caza de hackers o El fuego sagrado; Neal Stephenson con Snow Crash, La era del diamante o su obra magna: Cryptonomicón; Greg Bear con Alt 47 o La radio de Darwin; David Brin, Gente de barro; o el más conocido, William Gibson, que desde la publicación de Neuromante en 1984, novela cyberpunk donde apareció por primera vez el término ciberespacio, ha influído en la cultura contemporánea de un modo que ha sido reconocido hasta por la academia, la universidad y el resto de la élite cultural. Gibson, al igual que otros autores cyberpunk y poscyberpunk ha evolucionado introduciendo realismo y verosimilitud a las propuestas de sus ficciones, situando los hechos cada vez en un futuro más cercano, llegando a situar su última novela, Mundo espejo (Pattern Recognition) en un presente alternativo, desvelador de algunas desconocidas corrupciones de las corporaciones y revelador de las complejidades del mundo en el que vivimos.

No se trata ahora de ser exhaustivos: tampoco la ciencia-ficción es el único territorio donde hoy se elaboran y difunden nuevas formas de hacer política. Son sólo algunos ejemplos del pensamiento político contemporáneo expresado no en ensayos, manifiestos o panfletos, sino en creaciones propias de la cultura popular y de las generaciones más familiares con la técnica y la cibercultura disidente.

¿Utopías? ¿Fantasías? ¿Sólo ciencia-ficción? La teoría de la tecnoliberación que Egan pone en boca de uno de sus personajes y es desarrollada hasta el menor detalle a lo largo de El Instante Aleph (Gigamesh, 2000) no sólo es muy atractiva, sino que no es fácil encontrar razones de por qué no pudiera inspirar una política libertaria pasando del territorio de la ficción al de la realidad. En la novela la isla Anarkía ya existe, y la descripción de su organización en agrupaciones libres y sus reflexiones sobre aspectos sociales, científicos, políticos, culturales y sexuales pueden servirnos de inspiración, a pesar de ser descritos por Egan a través de un personaje de ficción: Andrew Worth, un periodista que visita Anarkía y nos la describe minuciosamente, tratando a sus habitantes, como lo haría un viajero independiente: pronto descubrimos que El Instante Aleph resulta ser una inversión positiva de la distopía de Aldous Huxley en La Isla. Resulta fructífero leer la novela como una propuesta política seria y no como despreciable ciencia-ficción. Es paradójico que hoy en día una novela de ciencia-ficción parezca más realista, atenta a las tendencias actuales y futuras y adaptada al mundo contemporáneo en el que vivimos que las propuestas políticas pretendidamente serias y formales, que parecen referirse a un mundo desaparecido, inexistente, y que guste o no guste, no volverá.

En el día a día todos, tecnófilos, tecnoprogresivos, anarcofuturistas y tecnófobos, con buena o mala conciencia, celebrándolas o abominándolas, vivimos impregnados de las tecnologías emergentes. Vivimos con la sensación de que nos liberan o de que nos oprimen, muchos amándolas y odiándolas simultáneamente, en espacios compartidos de fronteras cuasinvisibles, en esferas que se expanden o contraen entremezcladas en un habitar común de esos espacios naturales y artificiales, por usar las fértiles metáforas de Peter Sloterdijk.

La flecha del tiempo se dirige hacia el futuro, no hacia el pasado. ¿Por qué no vivir y actuar desde el presente? Las nuevas tecnologías han llegado para quedarse. A partir de reconocer ese hecho es posible, como dijo un historiador anarquista de la guerra civil española: realizar un esfuerzo por pensar no sólo las ideas sino los mismos hechos del futuro?
El anarquismo moderno y premoderno vive una limitado y castrado por una profunda contradicción: el deseo de transformación y al mismo tiempo, el deseo de permanecer igual. El anarquismo que ya no tiene ese nombre y que ha atravesado el posmodernismo, no se ha quedado en él sino que vive de contagios, transmisiones, articulaciones, de conexiones horizontales, de ofrecer información y recomendar actos, considerando el conocimiento objetivo como una herramienta para usarse. Es así como los individuos pueden tomar sus propias decisiones informadas.

Hacer rizomas fuera de nuestro guetto particular, de nuestro nicho ecopolítico no sólo es posible sino imprescindible. Las conexiones horizontales son posibles. No es sólo ciencia-ficción, sino que es enteramente factible reducir el grado de conocimiento mutuo y de confluencia entre mundos dispersos y las generaciones políticas coexistentes. Hoy por hoy el intercambio entre generaciones con diferentes backgrounds es bastante limitado, y en nuestros medios de intercambio político ni siquiera se manifiesta el deseo de seguir lo que la otra hace. Sin embargo, sin que apenas nadie parezca advertirlo, unos y otros estamos transformándonos por las nuevas realidades y las nuevas maneras de vivir. Incluso, como afirma Donna Haraway, es posible que estrictamente hablando, muchos de nosotros seamos ya cyborgs, organismos híbridos de carne y técnica (no es necesario tener permanentemente incorporados en nuestros cuerpos algún implante artificial para ser un cyborg), así que ¿por qué no asumir nuestra condición más allá del posmodernismo, más allá del cinismo y el pesimismo que ya no son actos privados sino públicos, convertidos en una paralizante política de la melancolía y la nostalgia? ¿Por qué no establecer nuevas alianzas, ampliar esferas o hacer rizomas? ¿Por qué no enriquecer el pensamiento y acción libertaria con las teorías, prácticas y luchas de movimientos tecnoprogresivos como los del software libre y código abierto, redes de intercambio p2p, filosofía y activismo cyborg, afrofuturismo, comunicación estratégica, hackactivismo, colectivos de interferencia, poshumanismo radical, economía participativa o la cibercultura más radical, creativa y crítica? Si nos alejamos del elitismo cultural, ¿por qué no explorar y participar en expresiones dinámicas de la cultura popular como, por dar sólo unos ejemplos, las músicas electrónicas y las goa, los videojuegos, la cultura rap, neopunk o hacker, la blogosfera, el video digital, el net-art, o la ciencia-ficción?

Decía al principio que las propuestas de la tecnoliberación serían fácilmente rechazadas de antemano por muchos que se reclaman herederos del pensamiento izquierdista o libertario, y no sólo por el lugar donde han sido expuestas, sino por prejuicios irracionales contra todo lo que huela a ciencia. ¿Por qué? Reflexionemos sobre estas palabras del esloveno Andrej Grubacic: Lo que el anarquismo actual necesita es superar los extremos de antiintelectualismo e intelectualismo. Al igual que Noam Chomsky, yo tampoco simpatizo ni tengo paciencia para tales ideas. Creo que el antagonismo entre ciencia y anarquismo no debería existir. "En la tradición anarquista ha habido un cierto sentimiento de que hay algo opresivo o rígido en la propia ciencia. No conozco argumento alguno que defienda la irracionalidad; los métodos de la ciencia son, simplemente, razonables y no veo por qué el anarquismo no deba ser razonable".

Ni hay vuelta atrás, ni tenemos los pies atrapados en bloques de cemento. Hay un mundo más allá de la Ilustración y de la posmodernidad. La revolución no pueder ser el sueño de escapar de la historia o del mundo, sino una inmersión emancipatoria en una pluralidad compleja y horizontal de singularidades conectadas, porque la revolución entendida como sueño utópico destinada a una totalidad volvería y volvería a fallar o a ser pesadilla totalitaria. No hay posibilidad ya de ninguna macroesfera abarcadora de todas las esferas. Una tecnorrevolución sólo traería viejas esperanzas y nuevas fantasías, otras frustraciones y antiguos desengaños.
Pero ahora, la tecnoliberación: eso es otra historia; esto no es ni utopía ni ciencia-ficción, sino una realidad que ya existe y empieza a extenderse, impregnando nuestra cultura. No es un sueño sino algo real en estado embrionario y latente. Y como los latidos del corazón, si ponemos atención es posible escucharla a través de las finas paredes transparentes de nuestras comunidades todavía microesféricas. Hace unos años que tenemos al alcance de la mano instrumentos que sólo depende de nosotr@s que puedan ser no represivos y deshumanizadores, sino emancipatorios en el sentido clásico. No sólo con ellos, pero también con ellos, podremos libertarnos de la patria potestad en todas sus manifestaciones, de la tutela de los poderes, de la servidumbre, de cualquier clase de subordinación, esclavitud o dependencia. ¿Tiene razón Grubacic cuando dice: El anarquismo puede ser eficaz sólo si contiene y abarca tres componentes: organización de trabajadores, de activistas y de investigadores? El anarquismo necesita ser reflexivo. ¿Pero cómo? Hasta cierto punto la respuesta parece obvia. No se debería dar lecciones, ni sentar cátedra, ni siquiera pensar en uno mismo en términos de profesor, sino que se debe escuchar, explorar y descubrir. Extraer y hacer explícita la lógica tácita subyacente a las nuevas formas de práctica radical. Ponerse al servicio de los activistas proveyendo información, y exponiendo los intereses de la elite dominante escondidos cuidadosamente tras los discursos autoritarios, supuestamente objetivos, más que tratar de imponer una nueva versión de lo mismo. Una manera en la que esto está empezando a ocurrir es a medida que los anarquistas empiezan a recuperar la experiencia de otros movimientos sociales con un cuerpo más desarrollado de teoría, ideas que vienen de círculos cercanos a, y de hecho inspirados por, el anarquismo?

¿Es la técnica enemiga, neutral o aliada? ¿Es posible llevar a la práctica las sugerencias de la tecnoliberación? El futuro no está escrito. La respuesta de nosotr@s depende. ¿Cuáles serían las implicaciones estratégicas de la tecnoliberación? Se hace camino al andar no es sólo un verso, sino un universo por explorar. No sólo el arte puede ser un misterio: se le desvela el secreto al activista aprendiendo a amar la técnica como algo que desde el origen del ser humano nos ha permitido vivir y no desaparecer como especie. Amarla es conocerla, comprender su potencial y por tanto, no dejarla en manos de quienes la utilizan contra nosotr@s, contra la libertad, la justicia y contra la vida.

La propuesta es fácil de exponer, y fácil oponerse a ella. Sin embargo es también posible, antes de sentir horror, conceder unos minutos a tratar de comprenderla, y a valorar su potencial libertario y revolucionario.
El proyecto de la tecnoliberación parte de responder creativamente a preguntas que hoy por hoy nos conviene empezar a hacernos sin miedo ni alergias tecnófobas irracionales: ¿por qué no emplear la técnica para nuestras luchas por la liberación política, cultural y social? ¿por qué no cuestionar la aversión a la ciencia y la tecnología a la hora de hacer filosofía política libertaria, a la hora de pasar al acto y empezar a crear en los instersticios de una sociedad compleja no totalitaria comunidades basadas en los principios de autogestión, asociación voluntaria, cocreación, cooperación y ayuda mutua? ¿por qué rechazar la ciencia y la técnica en sí, sólo porque rechazamos todas las formas de relaciones sociales basadas en la violencia sistemática, como el Estado o el capitalismo global? ¿por qué ser sólo, o pretender serlo, un paradigma ético y no presentar hoy inspiraciones al movimiento de movimientos partiendo no del rechazo de la técnica, sino de su uso para exponer, deslegitimar y desmantelar los mecanismos de dominio? ¿por qué no revertir su uso mayoritario actual y utilizar el potencial de la tecnología para crear y expandir espacios más amplios de autonomía? ¿por qué no sólo ser cómplices sino colaborar activamente con movimientos sociales y políticos populares que no comparten la fobia a las nuevas culturas ni a las nuevas tecnologías, movimientos que, se llamen como se llamen, en el fondo son inspirados por principios libertarios?

El autor del artículo añade al final una serie de links sobre el tema que no reproduzco aquí pero se pueden consultar en su web: http://tecnoliberacion.blogspot.com
Le debo el desubrimiento del artículo y la imagen a un excelente blog: http://rizomas.blogspot.com/

Pseudovacaciones: libros

Pseudovacaciones: libros

Exterior mediodía. Enfrente el mar, separado por las rocas, la arena y un paseo prácticamente desierto. A los lados, dos grandes plátanos que flanquean el banco en el que me siento sin proyectar sombra alguna sobre él ni velar el tibio sol del norte después de un aguacero. Observo a unos metros avanzar a un abuelo con txapela e impermeable azul marino, apoyado en un paraguas y acompañado por un perro de lanas, y le imagino jubilado de los Altos Hornos o la petroquímica, de la siderurgia de las huelgas o los astilleros de la reconversión. Se sienta a mi lado, se descalza, apoya en el suelo los pies enfundados en calcetines, coloca a un lado los zapatos, junto al perro tumbado que vela su descanso, y abre un libro. Cuando entorno curiosa los ojos para atisbar el título, leo: El ser y el tiempo, Martin Heidegger.

Interior noche. Enfrente, el ajetreo de los camareros que frotan el borde del vaso con limón antes de verter la ginebra o el vodka. A los lados, mis compañeros de barra en plena euforia nocturna ligeramente velados por el humo. Observo a unos metros a un hombre, con traje oscuro y corbata, que habla solo y gesticula con exagerados aspavientos. Se sienta cerca del billar, alza los brazos, profiere palabras ininteligibles y abre un libro. Pregunto quién es. Y me cuentan. Es el enterrador, que acostumbra a abandonar su casa tapiada en el cementerio que mira al acantilado y acercarse hasta el pueblo después de cada entierro para seguir dando rienda suelta a los fantasmas de su delirium tremens. ¿Y el libro? "Es el libro de registro de todos nuestros muertos".

Banda sonora: "La noche transfigurada", Arnold Schönberg

Desde el mar hasta el río...

Desde el mar hasta el río...

A apenas unas horas de que se produzca la publicitada retirada israelí de 21 asentamientos de Gaza y 4 de Cisjordania, mientras la prensa, estúpida y lacaya como siempre, habla "de un nuevo camino para la paz" y se felicita por el fin de los asentamientos (quedan más de 150 en plena Cisjordania y en los Altos del Golán) sin siquiera cuestionarse las razones por las que Sharon de pronto juega al policía bueno en un erial abrasador con la mayor densidad de población de mundo, donde no hay agua ni recursos, mientras el muro del apartheid se extiende como una maldición hasta alcanzar 700 kilómetros y se siguen ampliando y construyendo nuevas "colonias" a fecha de hoy en tierras más fértiles y rentables, el graffitero Banksy, del que ya he hablado aquí, ha dejado allí su firma.
Por lo visto, a un anciano que le observaba no le gustó la idea. Comprensible también, aunque por muchas capas de pintura que reciba seguiría siendo el muro de la mayor prisión del mundo.

Old man: You paint the wall, you make it look beautiful.

Bansky: Thanks

Old man: We don’t want it to be beautiful, we hate this wall, go home.

Sospechosos habituales

Sospechosos habituales

Un agricultor almeriense acude a comisaría a denunciar un accidente de tráfico y sale envuelto en una funda metalizada, directo a la morgue. No se escatiman medios: atado de pies y manos, completamente inmovilizado, recibe una brutal paliza en la que se emplea una porra eléctrica y otra extensible que supuestamente están prohibidas en este nuestro país. El teniente de la Guardia Civil inculpado, del que la prensa sólo recoge sus iniciales (supongo que para evitar problemas cuando sea trasladado a otra comisaría para seguir velando impunemente por nuestra seguridad), ya había recibido dos denuncias por agresiones (tortura), pero en este nuestro país ya se sabe que hasta que la sangre no llega al río, las autoridades son sordas. Me pregunto cuántos emigrantes habrán pasado por todos esos calabozos franquistas amparados por la ley de punto final de la Transición y no han denunciado las torturas por razones obvias.

La AVT presenta un recurso en la Audiencia Nacional en el que pide "que se manifieste que los países de religión musulmana son enemigos del orden cristiano, la inmediata clausura de la mezquita de la M-30 de Madrid previa entrada y registro a cualquier hora del día y de la noche y la entrada y registro de todos aquellos locales que se denominen mezquitas o centros culturales islámicos, el listado de todos aquellos individuos de raza árabe que legalmente hayan entrado en nuestro país, así como todos aquellos que hayan sido controlados como inmigrantes ilegales al acceder a nuestras costas desde un país enemigo como es Marruecos y la obligatoriedad de que cualquier ciudadano marroquí sea controlado en su entrada y salida por la Audiencia Nacional". Todo ello al tiempo que sigue culpando veladamente a ETA del atentado del 11-M. Por cierto, en el recurso se han olvidado de pedir la medalla de Isabel la Católica para el rey Fahd.

¡Feliz verano, sospechosos!

In dubio, pro reo

In dubio, pro reo

La larga espera de Ahmed

Félix Bayón

Hoy cumple 5.000 días de cárcel un hombre inocente. Hace más de seis años que el fiscal jefe de Cataluña, José María Mena, pidió el indulto para Ahmed Tommouhi, víctima de un error judicial. Posteriormente, el Tribunal Supremo se adhirió a la petición. Hace dos años –gobernaba aún el PP–, un diputado socialista preguntó al Gobierno qué pasaba y le respondieron que el indulto estaba en trámite y se resolvería "en breve". Ahora ha sido un diputado de Izquierda Verde el que ha reiterado la pregunta y le han dicho lo mismo.
Tommouhi, un trabajador marroquí analfabeto, fue condenado en 1991 junto a su amigo Abderrazak Mounib por una serie de delitos de agresión sexual. Seis años después, una prueba de ADN reveló que el autor de una violación por la que habían sido condenados era un español, que se confesó violador en serie y fue condenado por ello a 228 años. Tommouhi, para su desgracia, tiene un insólito parecido con el verdadero autor del delito.
Se intentó revisar el resto de condenas por agresiones sexuales atribuidas a Tommouhi y Mounib, cometidas todas con idénticos métodos a los usados por el violador español, pero los recursos no prosperaron. Fue entonces cuando el fiscal Mena optó por pedir el indulto, porque, dijo, dudaba "en conciencia" de la culpabilidad de Tommouhi. Entretanto, Mounib murió en la cárcel. Tommouhi ya ha sufrido un infarto.
Si algo prueba su inocencia, además del sentido común, es su actitud, de gran dignidad. Tommouhi podía estar ya en libertad si hubiera aceptado acogerse al programa de permisos carcelarios y luego al régimen abierto. Pero –cosas de pobres– él no quiere que le restituyan sólo la libertad, sino también la honra. Saldrá, dice, cuando le declaren inocente. Pero el indulto tarda. Es lo malo que tiene ser pobre, moro y analfabeto. Si se hubiera dedicado a la política, hubiera metido la mano en la caja de un Ministerio, hubiera mandado secuestrar a un inocente o a torturar hasta la muerte a unos jóvenes, los trámites de indulto hubieran tardado sólo unos días. Lo hemos visto otras veces. La vida es así de demagoga. Es dudoso que la justicia sea igual para el poderoso y para el que nada puede, pero los efectos de las peticiones de indulto son aún más desiguales.
Aparte de la infrecuente exhibición de dignidad de Tommouhi, el asunto tiene algún otro aspecto que te ayuda a reconciliarte con la especie humana. Como la cadena de solidaridad que gente de lo más diversa ha ido desplegando para recordar su caso a los medios de comunicación –siempre tan olvidadizos–, para incordiar a parlamentarios o llenar la web con su historia. Esta gente confiaba en que Tommouhi no llegaría cumplir los 5.000 días en prisión. Hoy los cumple.
Duele ya menos el error judicial que la desidia de los Gobiernos. La Alianza de Civilizaciones no les debe dejar tiempo para pensar en un pobre moro analfabeto.

Banda sonora: Hurricane, Bob Dylan.

Here comes the story of the Hurricane,
The man the authorities came to blame
For somethin’ that he never done.
Put in a prison cell, but one time he could-a been
The champion of the world.
"

Normales terroristas

Normales terroristas

Santiago Alba Rico (publicado en el periódico Gara)

Simplifiquemos las altísimas aspiraciones de la Civilización: queremos más agua, más luz, más petróleo, más carne, más coches, más móviles, más televisores y queremos, además, tener razón, ser más buenos, más justos, dar lecciones, concentrar una moral superior. Para tener más agua, más luz, más carne, más petróleo, tenemos que bombardear ciudades, ocupar países, sostener dictadores, serrar cotidianamente, minuciosamente, los grandes mandamientos que nos hemos dado; para tener razón, para ser más buenos, más justos, para dar lecciones y seguir concentrando una moral superior tenemos que engañarnos. Estamos a punto de alcanzar la perfección en todos los terrenos; nuestro poder es ya tan fabuloso que podemos destruir el mundo y podemos al mismo tiempo perdonarnos.
Reivindicamos nuestro derecho a entristecernos, a enrabietarnos, a honrar a nuestras víctimas, a merecer compasión, a la atención de un psiquiatra, a no tener nunca, pase lo que pase, ninguna responsabilidad. Pero nuestro derecho a la inocencia, en un mundo en el que somos más fuertes, más ricos, más influyentes, exige desplazar a los otros permanentemente fuera de la humanidad común: si la tristeza de un israelí es natural, la de un palestino es una trampa; si la rabia de un londinense es justa, la de un iraquí es ideológica; si el dolor de un madrileño nos afecta, el de un afgano nos deja indiferentes; si el divorcio de un neoyorquino merece los lametones de un psicólogo, a un boliviano o a un haitiano la miseria no les puede dejar ninguna huella; si nosotros no hemos hecho nunca nada, si no podemos reprocharnos nada, si no somos responsables de nada, es que casi todos los demás, por activa o por pasiva, son unos malvados.
11-S, 11-M, 7-J, bombas en NY, en Madrid, en Londres (o esas otras, también anti-occidentales, en Bali y Sharm-e-Sheikh): a medida que «la guerra mundial contra el terrorismo» revela todo su fracaso, salvo para generar más terrorismo; a medida que los occidentales recibimos en casa un porcentaje mínimo del miedo y el dolor que generamos en otras partes a gran escala; a medida que el peligro se agrava para todos, más insistimos en la evidencia de nuestra pureza civilizada. Con una recurrencia casi pasmosa, desde hace unas semanas todos los análisis relacionados con los atentados de Londres giran en torno a cuestiones cuya aparente impersonalidad académica ya nos protege de otras preguntas: «¿Qué piensa un terrorista?», «¿Cómo se produce un fanático?», donde nuestra inocencia planetaria y nuestra superioridad moral se manifiestan y se confirman en la posibilidad misma de esta científica curiosidad intelectual («¿Qué piensa un caballo?» o «¿Cómo se produce un tsunami?»). El asunto es que ni nosotros ni nuestros gobernantes somos responsables de nada. Para absolvernos tenemos que psicologizar los motivos de los terroristas, descolgarlos fuera de la historia en los abismos de la ideología o de la metafísica. Lo que pretendió Aznar en el 2004 ante el escándalo de la mayoría, después del 7-J lo repiten los más sesudos intelectuales (Enrique Krauze u Olivier Roy, por ejemplo) y lo aceptamos casi todos sin resistencia: no hay ninguna relación, se repica, entre la ofensiva islamista y la invasión de Irak, como lo demuestra el hecho de que EEUU sólo invadió este país después del 11-S. Dejemos a un lado la ilusión eficazmente inducida de un punto auroral, un «cero» de la Historia antes del cual no habría ocurrido nada y que instituiría el derecho original a cualquier forma de respuesta; de lo que no se dan cuenta los que insisten en la desconexión entre el terrorismo islamista y la invasión de Irak es de que, al romper esa relación, están despojando a EEUU de todo pretexto honorable y «civilizado» y justificando paradójicamente la rabia de los que, terroristas o no, consideramos completamente inadmisible el imperialismo estadounidense. Si no hay ninguna relación entre el terrorismo y la invasión de Irak, ¿por qué entonces EEUU invadió Irak? Si no queremos hacer historia, si preferimos evitar por si acaso los análisis económicos y sociales, resignémonos a aceptar, por lo menos, que tenemos dos problemas y no sólo uno: el de un terrorismo injustificado que vuela vagones de metro en Londres por pura «perversión ideológica» y el de un imperialismo injustificado que invade países y bombardea ciudades y encarcela y tortura por «pura perversión económica». En víctimas humanas, en daño moral, en consecuencias legales, la diferencia entre ambos es tan grande que, incluso si llegamos a la conclusión de que no guardan ninguna relación entre sí, una mente ordenada y sensata (también occidental) no debería tener dudas acerca de cuál merece toda nuestra prioridad.
Pero como se trata de tener más petróleo y de ser más buenos, absolvemos el imperialismo que tanto nos beneficia y psicologizamos el terrorismo que podría obligarnos a reflexionar. Por eso, contra las bombas de NY, de Madrid y de Londres, no podemos concebir sino soluciones que aseguren, al mismo tiempo, nuestros privilegios y nuestra superioridad moral. Una, material, es la de pedir más policías, más leyes de excepción, más vigilancia capilar, aún a riesgo de gangrenar para siempre el concepto mismo de democracia. La otra, mágica, la de esa Alianza de Civilizaciones que pretende poner de acuerdo a los hombres sin tocar más que con palabras la «brecha» terrible que separa a las sociedades: «un esfuerzo de la comunidad internacional para eliminar y superar prejuicios, malos entendidos, percepciones erróneas y divisiones que podrían ser una amenaza potencial para la paz mundial». El problema -se sobrentiende- es que los niños bombardeados de Faluya «perciben» mal nuestras intenciones, «malentienden» nuestros propósitos: hay que convencerlos, pues, de que somos buenos. Para ello hablaremos con sus sheikhs, sus imames y sus dictadores y les pediremos que hagan un esfuerzo adicional de propaganda y represión. No queremos aceptar que, si hay realmente un problema de «conocimiento», es el de que en Irak, en Palestina, en Latinoamérica se nos conoce muy bien: «de nosotros los civilizados», decía Anatole France hace ya cien años, «los bárbaros sólo conocen nuestros crímenes». El tristísimo entusiasmo de Kofi Anan frente a la propuesta de Zapatero sólo demuestra la terrible claudicación de la ONU y la aceptación de que los conflictos se decidan al margen del Derecho internacional. A nadie se le ha ocurrido ni siquiera la solución muy moderada, antes de recurrir a la magia, de que las Naciones Unidas exijan la aplicación de todos sus principios y resoluciones.
La pregunta arrogante y auto-exculpatoria «¿qué piensan los caballos?» ha ido acompañada en estos días del estupor occidental de descubrir que los caballos que volaron el metro de Londres eran, después de todo, caballos normales: jóvenes integrados, buenos vecinos, sencillos trabajadores de los que nadie hubiera podido sospechar nada. ¿Cómo unas personas normales pueden sentir tanta indiferencia ante el dolor de sus semejantes? Diré que el estupor me deja estupefacto. La respuesta es tan obvia como inquietante: esos jóvenes se parecen ya bastante a nosotros. Hemos conseguido que casi todos los caballos del mundo piensen y se comporten como nuestros caballos occidentales. La normalidad de los terroristas de Londres, ¿no es nuestra propia normalidad? Personas normales, buenos vecinos y virtuosos padres de familia eran los alemanes que veían pasar los vagones camino de Auschwitz; personas normales, buenos vecinos y virtuosos padres de familia, eran los nazis que gestionaban el transporte de judíos a los lager; personas normales, buenos vecinos y virtuosos padres de familia, eran los estadounidenses que lanzaron la bomba sobre Hiroshima; personas normales, buenos vecinos y virtuosos padres de familia, eran los chilenos y argentinos que arrojaban desde aviones a sus compatriotas maniatados y los que lo sabían o intuían y no dejaban de hacer la compra; personas normales, buenos vecinos y virtuosos padres de familia son los marines que se divierten aporreando iraquíes y fotografiando su dolor; personas normales, buenos vecinos y virtuosos padres de familia son los que, como Aznar, dijeron: «había vida antes de la crisis de Irak y habrá vida después de la crisis de Irak» y luego fueron a inspeccionar la reconstrucción de los hospitales de Bagdad que ellos mismos habían destruido; personas normales, buenos vecinos y virtuosos padres de familia son todos los que aceptan con naturalidad que su comodidad vale más que los dos brazos de Ali Ismail y la vida de los siete miembros de su familia. Somos todos un poco, bastante normales, como los jóvenes terroristas de Londres.
Pocos días después del tsunami de diciembre, algunos turistas ingleses se bañaban en una playa de Indonesia y bebían sus cócteles refrescantes protegidos por una alambrada detrás de la cual cientos de huérfanos alargaban implorantes las manos en medio de una escombrera de cadáveres. Las agencias inglesas, para no perder demasiado dinero, habían abaratado los viajes a la pobre tierra martirizada y los turistas habían aprovechado las ofertas. Según sus propias declaraciones, estaban «ayudando a reconstruir el país». Lo «reconstruían» entre risas, bajo el sol, gozando plácidamente de unas merecidas vacaciones, sin que el dolor colindante alterase sus digestiones.
Que algún filósofo de “El País” me explique cuál es la diferencia moral entre la normalidad de los turistas y la normalidad de los terroristas. Hay, me temo, demasiadas personas normales en este mundo.

La locura del capitán

La locura del capitán

El curtido capitán Robert Fitzroy se preparaba para una larga singladura que iba a durar cinco largos años a bordo de un buque científico. No temía los peligros del mar ni a las criaturas que lo pueblan. Su temor era más profundo, más irracional y ancestral. El capitán Fitzroy temía más que nada en el mundo verse poseído por la locura. Las convenciones sociales de la época impedían a los capitanes intimar con la tripulación y el miedo a perder la cordura tras cinco años de aislamiento le atormentaba hasta tal punto que decidió administrarse un antídoto contra una enfermedad que estaba seguro de contraer. Solicitó llevar a bordo un compañero de viaje con el que conversar en las largas sobremesas. Ese acompañante resultó ser, por pura casualidad, un joven díscolo y amante de los espacios abiertos abocado por la presión familiar a estudiar en contra de su voluntad medicina y prepararse para el sacerdocio: Charles Darwin. Lo que el miedo a la locura del capitán Fitzroy depararía a la biología en particular y a la ciencia en general, pese a que las relaciones entre Darwin y el capitán fueron muy poco amistosas, es una historia harto conocida.
Por desgracia, para sobrellevar el miedo ante la locura generalizada que se avecina en estos días de atentados y asesinatos a bocajarro, de sangre y represión en plena retroalimentación, no bastará con elegir a los compañeros de viaje adecuados, ni tampoco cabe esperar que de ese miedo se vaya a beneficiar la ciencia salvo aquella que se ocupa de la invención de artilugios cada vez más mortíferos y sofisticados.
No resulta difícil envidiar aquellos cinco años de aislamiento en las tripas del Beagle a la vuelta de unas vacaciones ajena a los avatares de este desgarrado mundo, que sin duda no es el mío.

Banda sonora: Don't blame me, The Exploited.

Nanas de la cebolla

Nanas de la cebolla

Las guerras a través de los ojos y los lápices de los niños: España, 1936 - Iraq, 2003

La Universidad de California en San Diego recoge en su web una recopilación digital de 609 dibujos realizados por niños españoles durante la guerra civil. Estos dibujos fueron publicados en Nueva York en un libro en 1938, They Still Draw Pictures, con un prólogo de Aldous Huxley. El dibujo de la imagen lo pintó un niño de Alicante, Carlos Ojeda, y lo tituló "Popeye va a la guerra".

Casi setenta años después, la Puffin Foundation recopila 26 dibujos realizados por niños iraquíes de la escuela Assail de Bagdad durante la guerra de ocupación de Iraq.

Otros ojos, el mismo horror: Nanas de la cebolla.

Pseudovacaciones

Pseudovacaciones

Comienzan mis pseudovacaciones, pseudo porque simplemente me llevaré el trabajo (las interioridades del genoma) a un lugar más verde y fresco, un lugar en el que, cuando aparte la vista del portátil, podré ver el mar a sólo unos metros de la terraza (cosas de la especulativa no aplicación de la Ley de Costas). No desconectaré del todo, pero dedicaré todo el tiempo que pueda a observar y absorber la realidad no cibernética, ésa de la que es espejo la red o viceversa, ¿quién sabe?, y a prepararme mental y materialmente para un exilio voluntario y tal vez definitivo en un palmeral africano abrasado por la brisa del desierto. Espero sobrevivir a todo ello.

Aparentemente, la foto no tiene nada que ver con el hilo. Es un extraño concubinato entre la fotografía de moda de Clayton Cubitt y los algoritmos de Tom Carden que le he fusilado a Elastico, una imagen tan ecléctica como mi inminente poliandria con el genoma, el mar y los exilios. Intensas vacaciones a todos.

Los bardos del poder

Los bardos del poder

Las estrellas de la música se unen para presionar al G-8. Eso dicen hoy los titulares. Nos bombardean con imágenes de los variopintos conciertos en diferentes lugares del planeta mientras la organización pide que no se mencione la guerra de Iraq ni el nombre de ninguno de los políticos del G-8, que se trata de una "gran fiesta civilizada", de luchar contra la pobreza a través de la música [Aparece un primer plano de Claudia Shiffer]. ¿Fiesta? ¿Civilizada? Me pregunto qué es lo que celebran y qué entienden ellos por civilizada (¿complaciente, sumisa, políticamente correcta?). Los expertos tertulianos, ya convertidos en epidemia, se muestran entusiasmados y traducen a su manera: el cantante de Greenday canta "American idiot" y al acabar grita "We’re here to fuck the politicians all over the world" y ellos se apresuran a versionear "Estamos aqui para luchar contra las injusticias". Siento náuseas. Los líderes del G-8, del FMI, la OMC, el Banco Mundial y demás organizaciones criminales deben estar partiéndose de risa y preparando la próxima cena bien regada con Geldof y Bono (no el nuestro, pero todo se andará). Kofi Annan, director de una gran transnacional, sube al escenario en Hyde Park. ¡Oh, sorpresa, el líder de la inoperante ONU se suma a la orgía para dar la gracias! Las gracias ¿por qué? Por supuesto, el Anticristo del Vaticano también se ha sumado y ha pedido que se repartan los bienes de la Tierra. Conmovedor. Apago la televisión, me enchufo a toda leche a Fugazi y devoro un excelente artículo de un columnista de The Guardian, George Monbiot, que explica con enorme lucidez en qué consiste todo este circo. Imprescindible leer Los bardos de los poderosos. La verdadera protesta será esta semana en las calles de Edimburgo, sin censuras ni complacencias, salvo a las que obliguen los gases lacrimógenos y las pelotas de goma.

Adib Sha'ban

Adib Sha'ban

En una aldea de la región de Monte Líbano, al norte de Beirut, un equipo que buscaba laudistas clásicos para realizar un documental sobre los métodos tradicionales y modernos de tocar este instrumento descubrió a un desconocido fabricante de laúdes y virtuoso intérprete de los maqams (modos) árabes: Adib Sha'ban. Preparad el Real Player, bajad el volumen cuando estalle la sintonía a lo Movierecords de Oriental Tunes y subidlo de nuevo para disfrutar de esta improvisación de diez minutos en la que utiliza hasta nueve maqams. Aunque la imagen y el sonido son bastante malos porque se trata de una grabación en directo, es toda una joya. Shukran yazilan, ya Adib!

En favor de las familias

En favor de las familias

Pareceremos muchos menos, porque se ocuparán de vetar los planos generales y nos restregarán primeros planos de todo aquello que desvirtúe las reivindicaciones transformándolo en un desfile de tangas, pelucones y plataformas sobre la sudorosa piel de una marabunta de frívolos promiscuos. Pareceremos muchos menos, porque todas esas cadenas asiduas a las manifestaciones nacionalcatólicas practicarán el apagón informativo y se masturbarán con sesudos debates sobre la amenazada unidad de España después de que Galicia, último reducto nacional de esta península post-franquista sólo a ratos, haya caído en manos de rojos con cuernos, tridentes y también banderas arco iris. Pareceremos muchos menos, porque no habrá obispos y monjas, ni familias supernumerosas, supernumerarias y superlegionarias, ni jóvenes con camisa azul y estandarte falangista. Pero seremos muchos más quienes seguiremos defendiendo los derechos civiles.
Después de la manifestación, cada uno hará lo que le venga en gana sin tener que esconderse, sin tener que avergonzarse, sin tener que defenderse, cada uno follará cómo, cuándo, con quién y dónde quiera (y pueda) y cada uno intentará vivir su vida sin imponer y obligar a otros a hacerlo a su manera. Todo sea por las familias, las nuestras.

Y para aquellos que no querían caldo, aquí va otra taza: a mi manera.

En favor de la familia

En favor de la familia

Parecerán muchos más, porque tendrán que caminar separados para no clavarse unos a otros los cilicios que confinan sus cinturas. Parecerán muchos más, porque los orcos de la Legión y la Obra acapararán todos los titulares aunque mientras tanto el ejército imperial del oeste esté arrasando una aldea iraquí y el ejercito imperial del norte esté pasando a cuchillo una aldea chechena. Parecerán muchos más, porque los defensores de la moral y el orden gritarán con fuerza desde ese desprecio hacia quienes no comulgan con sus dogmas que les devora las entrañas. Parecerán muchos más, porque contarán con los jerarcas de una iglesia que oculta la pederastia en los sagrarios y toca a rebato desde el campanario de la Cope.
Después de la manifestación, algunos volverán a sus casas para procrear a oscuras nuevos cruzados para la causa, otros liberarán la represión que los atormenta en un burdel de lujo, algunos visitarán a hurtadillas a sus amantes, otros incluso desfogarán el semen retenido en algún cuarto oscuro con alguien de su mismo sexo, algunas incluso desearán a la mujer del prójimo... Todo sea por la familia, la suya.

Banda Sonora: Mona Lisa Overdrive, Juno Reactor. Coro: "Kyrie eleison" / "Señor, ten piedad de nosotros".

Un mundo feliz

Un mundo feliz

Probablemente la prostituta infantil no quiera serlo, pero a nadie le gusta trabajar. Nosotros trabajamos para vivir mejor y satisfacer a la comunidad lucrándonos por ello. La prostituta menor de edad, suele trabajar, no para vivir mejor, sino para sobrevivir en la mayoría de casos. Al prohibirle su libre elección a trabajar y obligarla a estudiar, le estamos negando una fuente de financiación fundamental para ella y su familia. La prostituta infantil suele estar en países pobres donde apenas tiene alternativas. Su trabajo le permite sobrevivir, y no vivir mejor.

- Jorge Valín, economista, para LD.

Algunos animales son más débiles que otros. Por ejemplo, el puercoespín es un animal indefenso excepto por sus púas, el ciervo es vulnerable excepto por su velocidad. En la economía también hay personas relativamente débiles. Los discapacitados, los jóvenes, las minorías, los que no tienen preparación, todos ellos, son agentes económicos débiles. Pero al igual que les ocurre a los seres en el mundo animal, estos agentes débiles tienen una ventaja sobre los demás: la capacidad de trabajar por sueldos más bajos. Cuando el gobierno les arrebata esa posibilidad fijando sueldos mínimos obligatorios, es como si se le arrancaran las púas al puercoespín. El resultado es el desempleo, que crea una situación de desesperanza, soledad y dependencia”.

– Walter Block, Doctor en economía por la Columbia University, para la FAES.

El alféizar de mi ventana

El alféizar de mi ventana

Cámara en ristre, enfilo el cuello por la ventana para fotografiar el alféizar de mis vecinos, justo al alcance de mi mano a la izquierda. Hace algunos días, un vertido de Prozac y Transilium lo había convertido en una improvisada farmacia en la que también se exhibían trapos de cocina, pañales y toda la gama posible de merchandising relacionado con Spiderman. Llegué tarde a fotografiar este signo de lo tiempos en una ciudad que marcha a dos velocidades, la de los coches de lujo descapotables y la de los precarios rodeados de basura y cucarachas. Llegué tarde porque el encargado de deshacerse de todo aquello que cae en sus manos, un niño de tres años que va camino de convertirse en una especie de muñeco diabólico gracias a la esforzada labor de su siniestra familia, había arrojado una nueva remesa de desperdicios mientras se gritaba a sí mismo: "Maricón, hijo de puta, no tires cosas". La basura permanecerá ahí hasta pudrirse y convertirse en humus urbano, y yo iré añadiendo fotos de su evolución.

Precarios

Precarios

PRECARIOS

Javier Castañeda

Si hay una palabra que flota ingrávida por el milenio es la precariedad. Mientras la seducción de la opulencia campa a sus anchas, millones de personas viven precariamente en muchas facetas, pero sobre todo en el trabajo. Tanto es así que, al hablar de precariedad, casi automáticamente añadimos laboral. Inseguro, apurado o escaso, son adjetivos que reflejan la situación laboral del siglo XXI. Florece de modo especial en esos campos abonados que combinan las palabras empleo y juventud. En teoría y por relevo generacional, los jóvenes son la fuerza de trabajo que debería renovar el mercado. Pero en la práctica, son sometidos a toda clase de contratos basura, inestables y mal pagados, hasta tal punto que parece imposible escapar de esta situación de inestabilidad perpetua que les impide desarrollarse dignamente como personas.
Varios son los factores que han llevado a esta situación, pero el principal -el más evidente- funciona desde hace mucho tiempo: se llama ley de oferta y demanda. La sociedad cada vez genera más licenciados, pero el mercado no tiene capacidad para absorberlos. Esta situación provoca un desfase que distingue, por un lado, a los pocos elegidos que tienen un trabajo más o menos digno y acorde a su categoría profesional, estudios o especialidad; por otro, muestra una caterva ingente de mano de obra barata, joven y cualificada, dispuesta a aceptar cualquier cosa que se parezca a un empleo.
La amenaza de pasar a engrosar las filas del desempleo y convertirse en parados de larga duración, que pende sobre sus cabezas -incluso antes de haber dado comienzo a su vida laboral- les hace agarrarse a un clavo ardiendo. Y cuando el dinero entra por la puerta, los escrúpulos saltan por la ventana. Muchas empresas -conscientes de este superávit de personal- aprovechan la coyuntura y retuercen la ley hasta exprimirla al máximo y sacar todo el jugo a esta situación tan kafkiana. La consecuencia es una flexibilización laboral que roza lo leonino en muchos de los casos: contratos temporales, de prácticas, a tiempo parcial forzoso, empleos sumergidos y paro encubierto, contratos mercantiles, jóvenes extra-cualificados con salarios ridículos, etc.
En gran parte, las negociaciones laborales recuerdan a los contratos de adhesión como los de suministro de luz, agua o transporte público, en los que la única opción que queda a la contraparte es una: firmar. El panorama es tal que, en muchos casos, las entrevistas de trabajo, parecen una gincana en la que todos compiten por llevarse el mejor puesto o, sencillamente, el único puesto. Al que gana se le cuelga la medalla de triunfador y al resto un cartel de fracasado social. Pero el que supuesto ganador, puede que haya obtenido un pasaporte hacia la infelicidad, ya que las relaciones laborales pasan por un momento, que suavemente podríamos tildar de “delicado”. Es un círculo vicioso dibujado tanto por la coyuntura económica global como por la comodidad: como no hay nada mejor, acepto lo que hay y viceversa.
Los que se llevan la palma en este absurdo ranking de despropósitos, son los becarios-precarios. Afortunadamente, empresas y universidades cada vez entienden más que el concepto de hacer prácticas ha de suponer un aprendizaje para los jóvenes sin experiencia, en temas de su especialidad, por un tiempo limitado y quizá una vía de incorporación al mercado laboral; en vez de mano de obra cualificada a bajo precio o para hacer tareas engorrosas, mecánicas o llevar cafés, que suele ser la práctica habitual, nunca mejor dicho. Lamentablemente, hay muchas empresas que los ven como esta última opción y que explotan a sus precarios sin despeinarse.
Ante tanta y tan fuerte competencia, resulta prácticamente imposible para la juventud acceder a un puesto de trabajo con un contrato y un sueldo medianamente decentes. Sin ellos, resulta imposible independizarse antes de los treinta, pensar en un futuro e intentar construir un relato vital. El porvenir laboral se presenta tan incierto, flexible y cambiante, que es más fácil tirar la toalla antes incluso de haber empezado. Muchos renuncian al esfuerzo de rodar como giróvagos mendigando un empleo en un mundo tan hostil. Hoy las estadísticas dicen que el paro ha bajado: es posible que los datos no mientan. Pero salgan a la calle y pregunten si la gente tiene un trabajo que les gusta; si se sienten reconocidos y bien remunerados; si se acerca a lo que soñaron ser o si tantas horas de estudio, cursos y esfuerzos por mejorar, les han ayudado a ser más felices.

La realidad

La realidad

Todos los días, periódicos, tertulias, telediarios, partidos y fundaciones democráticas nos enseñan que en este mundo nihilista aún es posible hacer discursos moderados, elegantes, ingeniosos, razonables, objetivos, imparciales, serenos y matizados. ¿O nos enseñan más bien que la elegancia, la moderación, el ingenio, la sensatez, la objetividad, la imparcialidad, la serenidad y la matización son nuestra forma de nihilismo? Allí donde la moderación derriba casas, donde la elegancia mata, donde el ingenio desprecia, donde la sensatez arranca brazos, donde la objetividad envenena el agua, donde la imparcialidad tortura, donde la serenidad cierra los ojos y donde la matización aplaude al verdugo, es necesario ser panfletarios. El panfleto es el nivel exacto de los acontecimientos; la realidad es panfletaria. Al mismo tiempo, allí donde la sobriedad de un decreto deja sin medicinas a un continente, donde la prosa más escueta riega uranio empobrecido, donde el cálculo geométrico hace sangrar a miles de familias y donde la propaganda destruye sin interrupción ciudades y metáforas, es necesario ser poéticos. La poesía es la temperatura de los cuerpos, el pulso escamoteado de los hombres. La realidad es brutalmente poética.

Extracto del artículo de Santiago Alba Rico sobre la película Bagdad Rap

Fotografía de la iraní Shirin Neshat.

El diario de Covadonga

El diario de Covadonga

Después de estar desconectada de la blogocosa por una sobredosis de esa droga que dicen que tanto dignifica, ja, el trabajo, vuelvo a desconectarme por motivos más lúdicos durante varias semanas.
De bola extra en esta partida de pinball, aquí os dejo, para que no perdáis detalle sobre la evolución del nuevo regalo que nos hace la monarquía, siempre tan generosa con lo ajeno, el blog de Covadonga Borbón. ¡Qué disfrutéis! Ah, y ¡Viva la República!

1 de mayo

1 de mayo

Carl Marx: "Un aumento de salarios obligado no sería más que una mejor remuneración de los esclavos y no devolvería, ni al trabajador ni a su trabajo, su significado y su valor humanos".

¡Precarios del mundo, uníos!

EuroMayday 05