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Algarabía

Pseudovacaciones: libros

Pseudovacaciones: libros Exterior mediodía. Enfrente el mar, separado por las rocas, la arena y un paseo prácticamente desierto. A los lados, dos grandes plátanos que flanquean el banco en el que me siento sin proyectar sombra alguna sobre él ni velar el tibio sol del norte después de un aguacero. Observo a unos metros avanzar a un abuelo con txapela e impermeable azul marino, apoyado en un paraguas y acompañado por un perro de lanas, y le imagino jubilado de los Altos Hornos o la petroquímica, de la siderurgia de las huelgas o los astilleros de la reconversión. Se sienta a mi lado, se descalza, apoya en el suelo los pies enfundados en calcetines, coloca a un lado los zapatos, junto al perro tumbado que vela su descanso, y abre un libro. Cuando entorno curiosa los ojos para atisbar el título, leo: El ser y el tiempo, Martin Heidegger.

Interior noche. Enfrente, el ajetreo de los camareros que frotan el borde del vaso con limón antes de verter la ginebra o el vodka. A los lados, mis compañeros de barra en plena euforia nocturna ligeramente velados por el humo. Observo a unos metros a un hombre, con traje oscuro y corbata, que habla solo y gesticula con exagerados aspavientos. Se sienta cerca del billar, alza los brazos, profiere palabras ininteligibles y abre un libro. Pregunto quién es. Y me cuentan. Es el enterrador, que acostumbra a abandonar su casa tapiada en el cementerio que mira al acantilado y acercarse hasta el pueblo después de cada entierro para seguir dando rienda suelta a los fantasmas de su delirium tremens. ¿Y el libro? "Es el libro de registro de todos nuestros muertos".

Banda sonora: "La noche transfigurada", Arnold Schönberg

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